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Un estudio señala que el amor engorda




Tener pareja nos hace engordar de seis a siete kilos. 
Un estudio señala que asumir un compromiso estable provoca un cambio de hábitos de vida

La sabiduría popular asegura que los casados (y casadas) se dejan llevar, dejan de cuidarse, en cuanto la pareja se estabiliza. Pues ahora, un estudio de la Universidad de Queensland lo demuestra: cuando una pareja asume un compromiso estable engorda hasta 7 kilos. 




El cambio se debe en gran medida a los hábitos. En pareja nos volvemos más sedentarios y dejamos de hacer rutinas relacionadas con la actividad física. Por eso es muy importante que para evitar este efecto colateral no deseado, la pareja se acostumbre a hacer deporte, además de llevar una alimentación saludable. 

Descubre por qué 

Que el amor es ciego ya lo sabíamos pero que "ayuda" a ganar peso, no. Si estás total in love o llevas tiempo en pareja, atenta a las explicaciones dietéticas. Podrías ahorrarte unos kilos, ¡adelante! 





Has empezado a quedar con un chico, vigilas tu dieta para que él te vea estupenda, quemas calorías dentro del dormitorio y, aunque no te des cuenta, tu cuerpo segrega adrenalina que suprime el apetito. ¿El resultado? Adelgazar. Perfecto, pero... no te engañes. Resulta que en cuanto la relación se estabiliza un poco y los meses pasan, los kilos que has perdido aparecen como por arte de magia. Es entonces cuando el amor engorda. 

Según un estudio de la Universidad americana de Carolina del Norte, las mujeres jóvenes (entre los 17 y los 22 años) que están emparejadas engordan más que las solteras. Y cuanto más fuerte es el vínculo, más probable es que la báscula vaya al alza. De hecho, según dicho estudio, las chicas que conviven con sus novios suelen ganar un kilo y medio más que las que no lo hacen, y ¡ojo! que en las casadas la cifra puede llegar hasta los 4 kilos y pico. 




¿Exagerado? Tal vez, pero por muy increíble que resulte, hay argumentos muy lógicos que explican este fenómeno. Te los contamos. 

Razones de mucho peso 

Para empezar, la más obvia: en la etapa inicial de enamoramiento absoluto, lo habitual es que tu chico y tú quedéis en un restaurante o en un bar para charlar y conoceros mejor. 




Una cena, un almuerzo, un desayuno… Da igual, el caso es que siempre hay comida alrededor. Según el eminente nutricionista Brian Wansink, autor del libro Mindless Eating, cuando se come acompañado siempre se ingiere un 35% más de lo habitual. 


Si, además, el chico en cuestión te tiene absolutamente embobada, pedirás un postre o una docena con tal de prolongar la velada. ¿Un volcán de chocolate que tardan 15 minutos en servir? ¡Genial! Hasta aquí la cosa es evidente y seguro que más de una vez has caído en la trampa, ¿verdad? Pues hay más. En el intento de mimetizarte con tu hombre incluso te pides cosas que siempre has rechazado o que ni siquiera te gustan. ¿Un bocadillo de calamares? ¿Por qué no? 




Y como no sólo de comida engorda la mujer enamorada, estarás tan encantada con el encuentro que pedirás una botella de vino. ¿El problema? Que el alcohol aporta muchas calorías, desinhibe y, en consecuencia, te relajas y te zampas lo que te echen, mientras te olvidas de la báscula y tu Pepito Grillo te susurra: Total, un día es un día. No, no te rías, porque a todo esto hay que sumarle que más de un día te saltas tu clase de spinning de las 9 de la mañana con tal de estar una hora más haciendo posturitas entre las sábanas. O, por ejemplo, para relajarte después de un día duro eliges la opción tele, sofá, tu media naranja y… ¡una pizza tamaño familiar!¡ luego dices que si el amor engorda !¿Cierto? 




Por desgracia todo esto es una artimaña del subconsciente porque, según los expertos, después de seis meses, más o menos, el cerebro segrega una sustancia, la oxitocina, que es la que te empuja a propiciar comportamientos más afectivos con los que fortalecer el vínculo y, por esas cosas de la vida, uno de los hábitos amorosos es pedir y compartir la comida. 




Muy bonito y romántico, pero lo cierto es que esa actitud puede acabar afectando (para mal) a tu relación de pareja. Tal vez creas que no pasa nada por coger un par de kilos, porque estás megaconvencida de que tu chico está tan enamorado de ti que te querrá por lo que eres y no por la pronunciación de tus curvas (las de estilo mujer Botero, no las de Marilyn). No te engañes. 




Él es un hombre y siempre lo será y pensará que si sigues por esa línea acabarás descuidándote y pareciéndote cada vez menos a la mujer de la que se enamoró. El amor engorda sí, ¡ahora ya lo sabes! 

PD: Es probable que cuanto menos te preocupes por tu aspecto, menos te gustes y menos sexy te sientas en la cama. 

Para salir de este círculo vicioso 

El amor engorda, ¿por qué? Las necesidades calóricas de tu chico no son las mismas que las tuyas. Los hombres necesitan entre un 20% y un 40% más de calorías que las mujeres así que, a partir de ahora, oblígate a comer una tercera parte menos de lo que él se pida. No se trata de que te prives de todos los caprichos cuando comas fuera, pero sí de que selecciones y te decantes sólo por uno de ellos. Es decir, que si quieres un refresco, un queso de cabra con cebolla confitada y un arroz con leche casero pues… casi que no. 




Elige uno y disfruta de la comida sin miedo a que tus vaqueros revienten. Si optas por cenar en tu piso o en el suyo, engordarás menos porque, tal y como explican los nutricionistas, cuando las comidas se elaboran en casa la dieta es más sana y se come menos cantidad. Aun así, evita excederte con el aceite y la mantequilla. Mantén las grasas a un lado. Escoge siempre la versión light y lácteos desnatados. Cuando compres alimentos precocinados elige el tamaño pequeño, ya que consumirás un 20% menos.




Pídele a tu chico que sus aperitivos pecaminosos se los reserve para su lunch en el trabajo o, si estáis en casa, que a sus platos les añada salsas o ingredientes que no te van porque si el amor engorda, ¡habrá que controlarlo!. De esta forma, no caerás en la tentación. Y, por supuesto, si lo que pretendes es que el amor no arruine tu figura, no abandones el gimnasio, por mucho que sudes junto a tu pareja en la cama. 




Es más, convéncele para hacer planes en común, como salir a patinar, montar en bicicleta o practicar senderismo. Recuérdale que el sillón-ball no es ni deporte olímpico ni ejercicio aeróbico. Además, tanto los nutricionistas como los expertos en fitness afirman que las parejas que tratan de mejorar la dieta mutuamente y se apoyan a la hora de hacer algún deporte suelen perder más peso y se mantienen sanos después de años y años de relación. ¡Estás avisada!

Con info de taringa.net